Hacer las cosas por mi, en beneficio de mi persona, me parece vano y repugnante. Lo que yo se, lo que yo tengo se va conmigo a la tumba.Al hacer las cosas por uno mismo, por amor a uno mismo, es fácil desviarnos, es fácil dejarnos seducir por los placeres mundanos, que al fin y al cabo nos traen la felicidad temporal aunque a un gran costo. Si vivimos para los demás, los placeres pasajeros no tienen sentido.Nada cambia, solo la razón por la que seguimos deseando hacer las cosas de la mejor manera: No por mí, sino por ti.Dichosos aquellos que tienen la oportunidad de dedicar su vida a los demás (ojo, su vida, no su muerte), como Jesús, como Gandhi, como la Madre teresa de Calcuta, como tantas personas que no puedo recordar, como los músicos que a través de su arte tocan tantos corazones, como los actores y actrices que gracias a su interpretación conmueven a tantas personas. Dichosos los políticos que con sus buenas decisiones afectan de buena forma a su pueblo.Dichosos los que pueden dedicar su vida a los demás.

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